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Nuestras abuelas son irremplazables…Ayer estaba esperando a que mi hija volviera a casa del baile. Estaba sentado en el pasillo. Una abuela vino a recoger a su nieta, de unos cinco años. La nieta ya había bailado. La abuela la ayudaba a ponerse una chaqueta y un sombrero, y la nieta charlaba: «Abuela, ¿podemos irnos ya a casa? Abuela, ¿qué es más grande, un millón o mil millones? Abuela, ¿sabes bailar?». La abuela contesta, sonríe y refunfuña un poco: «Eres tan habladora…». Se alejan, la nieta saltando, la abuela cojeando un poco. Lleva bolsas, ha comprado algo por el camino. ¿Qué es nuestra abuela sin bolsas en la mano? Le habrá comprado uvas o plátanos a su nieta. Abuelas, nuestras dulces abuelas. Las más resistentes. Las más fiables. ¿Qué haríamos sin vosotras? Estaríamos perdidos… Nuestras abuelas nos enseñaron a leer sobre la Cucaracha y a contar hasta un millón; nuestras abuelas pasaron horas paseando con nosotros por un parque nevado; nuestras abuelas nos cocinaron sopa de albóndigas, la mejor sopa del mundo. Luego nos pasamos el resto de la vida buscando los sabores y olores que nos regalaban nuestras abuelas cuando éramos niños. Y no los encontramos… Nuestras abuelas son nuestras favoritas. Son irremplazables. Qué bendición haberlas tenido y tenerlas. (c) Alexey Belyakov |
