«Por favor, tengan un poco de paciencia y comprensión». Carta de una anciana madre a sus hijos

«¡Mis queridos hijos!

Estoy deseando que llegue mañana, porque vendréis a verme el día de mi cumpleaños. Sé que me estoy haciendo mayor. Cada vez veo vuestras miradas de preocupación. Pero tratad de comprender la etapa de la vida por la que están pasando vuestros padres.

🖋️ Si tu padre y yo volvemos a contarte las mismas historias que hace un año, escucha pacientemente sin interrumpir: «¡Tantas veces nos habéis contado todo esto!». Por favor, intenta recordar aquellos momentos de tu infancia en los que me pedías que te leyera el mismo libro antes de acostarte.

🖋️ Cuando me veas intentando entender torpemente la tecnología moderna, ayúdame a aprender. Y, por favor, no me mires con esa cara de fracaso. Dale tiempo y recuerda cómo te enseñé pacientemente todo lo nuevo. Primero te enseñé a vestirte y a cuidarte, y luego te ayudé a resolver situaciones difíciles de la vida.

🖋️ Cuando veas que mis viejas piernas no pueden seguirte el ritmo, coge mi mano por debajo del codo e intenta ajustar el ritmo de tus pasos a los míos. Al fin y al cabo, yo te tendía la mano de la misma manera cuando aún no estabas seguro de tus pies y aprendías a dar tus primeros pasos. Eran momentos de alegría.

🖋️ Si no quiero bañarme en cuanto me lo digas, por favor, no te enfades. Recuerdas aquellas tardes en las que tu padre y yo te persuadíamos para que te bañaras y te cepillaras los dientes después de un día duro. No te gustaba nada esa presión, ¿verdad?

🖋️ Si a veces pierdo el hilo de nuestra conversación o se me olvidan las palabras, por favor, dame un poco de tiempo para recordar. Por favor, no te pongas nervioso. Que sepas que lo más importante para mí es pasar tiempo contigo. Siempre estarás en mi corazón.

🖋️ Tómate tu tiempo para estar conmigo. Después de todo, percibo el tiempo contigo como un regalo de la vida. Dame la oportunidad de vivirlo con amor y asombro.

Con una sonrisa de agradecimiento y un amor sin límites por ti, termino esta carta.

Y sólo un recordatorio: Doy gracias a Dios por vosotros. Os quiero, hijos míos«.

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