|
|
«¿Con qué cara vuelves a casa?» Una historia sobre una buena tradición familiarAl final del día, todos estamos cansados. Eso es indiscutible. Pero pensemos: ¿qué cara ponemos cuando volvemos a casa del trabajo? Esta expresión de nuestra cara también forma parte de una tradición familiar, sin que lo sepamos. Al fin y al cabo, hay que admitir que se puede entrar en una casa de distintas maneras. Recuerdo que cuando mi padre llegaba a casa del trabajo, mi madre o mi abuela le preguntaban: «¿Qué tal el trabajo?». Él casi siempre contestaba: «¡Todos los trabajos son buenos si trabajas con el corazón!». Y todos sonreíamos. Este es el diálogo que más me gusta de mi infancia. Mi padre siempre conseguía llegar a casa después de un día de trabajo con una sonrisa en la cara. Uno de sus principios era dejar todos los problemas de producción fuera del hogar familiar. Me gustaría citar un bonito diálogo con mi padre que oí muy a menudo en mi infancia y que permanecerá en mi memoria para siempre. Cuando era pequeño, siempre me encontraba con mi padre con la misma pregunta: «Papá, ¿qué me has traído?». Si ese día no me traía nada, mi padre siempre me contestaba lo mismo: «¡Mi amor, hija mía!». Y nos abrazábamos. Si mi padre me traía algo «sabroso», es decir, una golosina comestible, o «interesante», es decir, un juguete, un libro u otra cosa, siempre manteníamos el mismo diálogo: – «Papá, ¿qué me has traído hoy? – ¡Algo, hija mía! – ¿Algo sabroso o interesante? – ¡Hoy es delicioso! Y mi padre me hacía un pequeño regalo. Me alegré muchísimo, pero me callé por si acaso: – «¡Oh, qué maravilla! Sólo que yo no tengo nada a cambio. – Y no necesito nada. ¡Lo único que necesito es tu amor! – Bueno, ¡eso siempre es bienvenido! Después de todas las contraseñas y respuestas dichas y bien conocidas por los participantes en el diálogo, ambos reímos y nos abrazamos alegremente. Mi padre cumplía el principio: cuando entres en casa de tu familia, di una contraseña amistosa y espera a que te la recuerden. |
